Abril 2020: Entrevista a Beatriz Santamaría

Beatriz es licenciada en Física en la Universidad de Salamanca en 2012, cursó el Máster en Formación de Profesorado en la Universidad Internacional de La Rioja en 2013 y el Máster en Tecnología Láser en la Universidad Politécnica de Madrid en el curso 2013-2014.

Actualmente está a punto de defender su tesis doctoral “Development and optimization of an Optical Label-Free Biosensor for ocular pathologies” desarrollada dentro del Grupo de Óptica, Fotónica y Biofotónica situado en el Centro de Tecnología Biomédica de la Universidad Politécnica de Madrid. A su vez, es docente Ayudante en el departamento de Ingeniería Química, Mecánica y Diseño Industrial de la Escuela Técnica Superior de Ingeniería y Diseño Industrial de la Universidad Politécnica de Madrid. Durante estos años ha participado en dos proyectos financiados por la Comisión Europea y 4 proyectos de carácter nacional. También es coautora de 10 artículos científicos JCR y de 15 contribuciones presentadas en congresos.

Además, participa activamente en actividades de divulgación a favor de la inclusión de la mujer y la niña en la ciencia, habiendo sido parte de comités de organización de diferentes jornadas del movimiento 11 de febrero. Es miembro de la Asociación de Mujeres Investigadoras Tecnólogas y de la Sociedad Española de Óptica.

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En tu tesis trabajas en el Grupo de Óptica, Fotónica y Biofotónica estudiando las posibilidades del diagnóstico de la “enfermedad del ojo seco”. ¿Nos puedes contar un poco más sobre esto?

La enfermedad del ojo seco es una patología ocular muy común entre adultos de avanzada edad desde hace ya muchos años. Desafortunadamente, en las últimas décadas ha ido en aumento entre la población joven también debido al uso continuo de dispositivos con pantalla y la contaminación ambiental.

Por otra parte, esta patología comparte muchos síntomas con otras enfermedades oculares y hace que su diagnóstico pueda ser erróneo, más aún cuando éste se basa, en la mayoría de los casos, en preguntas subjetivas que se realizan al paciente.

En vista a esta problemática que los oftalmólogos nos presentan, surge la posibilidad de aplicar nuestra tecnología para la creación de un diagnóstico en lágrima en la propia consulta clínica. Los pacientes que sufren de ojo seco sufren alteraciones en las concentraciones de ciertas proteínas contenidas en su lágrima. Si nosotros somos capaces de detectar esos niveles de proteínas, podremos dar un diagnóstico más preciso e incluso llevar el seguimiento de los tratamientos que el profesional estime.

¿Por qué biosensores ópticos? Nuestros biosensores están basados en transductores interferométricos con un espectro determinado que varía de forma notable si se produce alguna alteración (como la detección de proteínas) en su capa interferométrica.

Hoy en día, se puede realizar un diagnóstico basado en la detección de proteínas en lágrima, pero con ciertas limitaciones: se realiza en laboratorios especializados, se requiere de gran cantidad de muestra (50 µL mínimo) y todo ello incrementa los costes.

La principal ventaja del biosensor óptico que nosotros proponemos es la de poder monitorizar de manera vertical sin necesidad de un acoplamiento de luz, lo cual evita elementos complejos, de grandes dimensiones y costosos. Así, podemos reducir las dimensiones y junto con un software user-friendly poder tenerlo directamente en la consulta del oftalmólogo. Además, el reducido tamaño del sensor nos permite realizar detecciones en muestras de hasta 1 µL.

¿Qué te llevó a interesarte por la óptica? ¿Tuviste algún referente?

 Esta pregunta la puedo resumir en una sola palabra: HOLOGRAMA.

Tuve la grandísima suerte de contar durante la carrera de física en la Universidad de Salamanca con una profesora apasionada por la óptica, Isabel Arias. Su asignatura de óptica en tercero y la forma en la que ella la explicaba me llevó a elegir todas las asignaturas de óptica disponibles en cuarto y quinto de carrera. Fue entonces, en la asignatura de Óptica Coherente, cuando nos propuso como práctica la realización de un holograma. Aquello me fascinó, la precisión que hay que mantener en el montaje óptico, la influencia que tiene las condiciones ambientales, la luz que se utiliza, el camino óptico y al final, la artesanía que se requiere para revelar y obtener el holograma. Parece magia, pero en verdad, lo más bonito es que todo tienen una explicación física y todas las fórmulas y fundamentos que veíamos sobre el papel se hacen realidad en un holograma.

Hablando de referentes, ¿crees que es necesario motivar a las niñas para que elijan carreras STEM?

Es fundamental. Si algo he aprendido en los años que llevo dedicada a la investigación es lo beneficioso que resulta un equipo compuesto por personas multidisciplinares. Cuando un grupo está formado por gente de diferentes especialidades la lluvia de ideas y soluciones que surgen es mucho más rica. De igual manera pasa con las diferentes formas de pensamiento que tiene el género femenino y masculino y esto también enriquece a un grupo de trabajo. Por ello, es necesario terminar con el sesgo de “esta carrera es de chicas y esta otra de chicos” y para ello es fundamental contar con referentes femeninas en carreras como las STEM, cuya falta es notable.

¿Te resultó muy difícil llegar a obtener una beca o financiación para realizar tu doctorado? ¿Crees que en España se ofertan suficientes becas de investigación?

Tuve la suerte de iniciar mi doctorado a raíz de un proyecto que surgió con una empresa privada la cual financió mi primer año. Por desgracia, esta empresa tuvo que cerrar, de modo que emprendí un largo camino en búsqueda de nuevas fuentes de financiación, entre ellas múltiples becas que no obtuve (tengo una carpeta llena de solicitudes que lo avalan). Finalmente, conseguí una beca de la Universidad Politécnica de Madrid financiada por el Banco Santander.

No puedo decir si fue difícil o no el obtener la beca, lo que si afirmo es que suele ser un camino largo pero necesario. A veces eres rechazada porque no alcanzas los baremos estipulados (notas de corte, número de publicaciones, citas…), otras porque tu proyecto no es lo suficientemente atractivo y en otras simplemente, porque hay gente mejor. Sin embargo, en el camino que recorres aprendes a redactar de manera más adecuada, a saber valorarte más y a vender mejor tus ideas. Al final la experiencia es un grado y no tienen nada que ver las solicitudes que a día de hoy redacto con aquella primera que envié.

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¿Siempre has tenido claro que querías dedicarte a la investigación? ¿Piensas que las condiciones laborales de los investigadores predoctorales son buenas?

En verdad, no. La sociedad en la que vivimos nos marca ciertos hitos que parece que tenemos que ir superando: terminar la ESO, bachiller, obtener un título universitario, comenzar a trabajar… Esta carrera que continuamente pesa sobre nosotros en muchas ocasiones no nos da la oportunidad de parar y pensar qué es lo que realmente queremos. En otras culturas, tras el bachillerato, muchos jóvenes de 18 años salen a viajar durante un año, a descubrir el mundo, conocer otras culturas y sobre todo conocerse a uno mismo y ver qué cosas les gusta.  Esto, da un cierto grado de madurez que creo fundamental a la hora de elegir una carrera que va a definir de manera sustancial tu futuro.

Yo este parón decidí tomármelo tras terminar la carrera, pues no tenía nada claro cuál debía de ser mi siguiente paso a seguir, mi vocación. Estuve casi dos años viviendo en Londres, donde aproveché para estudiar bien el inglés, hacer cursillos de fotografía, sacar un máster online en Formación de Profesorado y trabajar mientras tanto en lo que podía. Durante este periodo conocí a muy buenos amigos, diferentes formas de trabajar, otras culturas y lo más importante, me reencontré con la ciencia. Resulta que la cultura en Inglaterra es gratuita y eso te permite visitar muchos museos. Yo aproveché para visitar el de ciencia y ciencias naturales en más de una ocasión y fue entonces cuando comenzó a crecer de nuevo dentro de mí la necesidad de responder preguntas y dar solución a problemas, en definitiva: investigar.

A día de hoy, tengo la gran suerte de trabajar en algo que me apasiona. La mayoría de los investigadores la tenemos. Lamentablemente, la vocación que sentimos por la ciencia es un arma de doble filo. El salario bruto de un investigador predoctoral durante sus 4 años de doctorado suele ser de media 18.000€ anuales y sin embargo, la vocación le lleva a trabajar no solo ocho horas diarias (hay muchos experimentos que requieren de más tiempo al día) sino además también a la lectura o redacción de artículos los fines de semana, a la redacción de proyectos en búsqueda de nuevas fuentes de financiación y en definitiva, a dedicar un tiempo extra que no está remunerado y sin embargo no pesa porque lo hacemos por vocación. Desgraciadamente, los empresarios e incluso las propias instituciones públicas se aprovechan en gran parte de esto.

Parece imposible hablar de otra cosa ahora mismo: la cuarentena por Covid-19 te ha pillado a punto de leer tu tesis, ¿cómo ha afectado a tu trabajo este parón?

Tenía pensado depositar mi tesis el 27 de marzo y defender a más tardar en mayo, pero todas las comisiones han sido canceladas. Esto supone el retrasar más la defensa y seguramente llegar fuera de plazo a convocatorias de becas o concursos de plazas en la universidad que me podrían permitir continuar trabajando en lo que me gusta.

No obstante, hay que mirar el lado positivo de las cosas, y es que esté tiempo extra me está permitiendo revisar bien todo el manuscrito, corregir pequeños errores que se puedan haber escapado y planificar bien la presentación para la defensa.

Bajo este contexto, poder teletrabajar es un privilegio, sin embargo, no está siendo fácil realizarlo para algunas personas, ¿crees que la conciliación y el teletrabajo está siendo igual para toda la comunidad científica? ¿Cuál crees que va a ser el impacto de esta crisis en la ciencia española?

 Esta crisis no afecta de igual manera a personas que pueden dedicar un tiempo ilimitado en casa para trabajar como a personas que tienen bajo su cargo el cuidado de niños o personas dependientes que requieren de atención. Pues en esta situación, muchos padres tienen que suplir el tiempo que antes ocupaba las clases o las actividades extraescolares y la conciliación se vuelve mucho más complicada.

La crisis sin duda alguna también afectará a la ciencia, hay muchos proyectos financiados públicamente que están parados y tienen que ser justificados, pero sin resultados no va a ser posible. Al igual que muchas convocatorias que seguramente se queden sin lanzar. Por otra parte, por mucho que durante esta crisis se esté poniendo un foco especial en la importancia que tiene la ciencia para la resolución de los problemas que se nos presentan, creo que esta fama va a ser momentánea. Ojalá me equivoque y parte de los presupuestos del estado y de muchas empresas privadas se destinen a partir de ahora a la investigación, pero opino que aún falta mucho para cambiar el erróneo pensamiento de que la ciencia es una inversión a fondo perdido. Ojalá me equivoque

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