Entrevista a Andrea Blanco Redondo

Andrea Blanco es licenciada en Ingeniería de Telecomunicación por la Universidad de Valladolid, doctora por la Universidad del País Vasco y actualmente investigadora de Harry Messel en la Facultad de Física de la Universidad de Sídney, donde dirige la investigación en nanofotónica no lineal y topológica. En unos meses empieza una nueva etapa profesional con Bell Labs en los Estados Unidos. Tiene 12 años de experiencia en investigación en fotónica, incluyendo 1 año en la Universidad de Aston y 7 años de experiencia en investigación industrial con las unidades Aeroespacial y Telecom de Tecnalia, uno de los centros de investigación privados más grandes de Europa.

Recibió el Premio Ada Byron en 2014, el Premio Geoff Opat en 2016 y en 2018 fue embajadora de OSA.

andrea_blanco

¿Podrías contarnos brevemente cuál es tu área de investigación?

Actualmente llevo varias líneas de investigación experimental en fotónica. Una parte de estas está relacionada con crear circuitos que permitan la propagación de estados cuánticos de forma robusta a imperfecciones de fabricación o cambios medioambientales. Estos circuitos se basan en estructuras nanofotónicas periódicas con simetrías especiales que confieren a los circuitos propiedades topológicas, es decir, propiedades que son inmunes a pequeños cambios e imperfecciones. Estos circuitos podrían en un futuro tener impacto en la escalabilidad de los ordenadores cuánticos.

Por otro lado, también me dedico a investigar un nuevo tipo de pulso de luz que no se dispersa, que contiene mucha energía y mantiene su forma incluso después de largas distancias de propagación. Lo descubrí hace un par de años en mi laboratorio, y lo llamé pure-quartic soliton, dado que surge de la dispersión de cuarto orden. Ahora estamos intentando construir láseres que emitan este tipo de pulsos con duraciones ultracortas (~10-15 s) y alta energía. Esperamos que este láser tenga impacto en campos como el procesado de materiales y la cirugía láser.

¿Qué te motivó a estudiar ciencia?

Sinceramente, no recuerdo ninguna epifanía que me hiciese tomar esa decisión. Fue algo natural, nunca me planteé siquiera estudiar una carrera de letras. Siempre me ha atraído el entender mundo que nos rodea, por qué suceden las cosas. Y encuentro las explicaciones que provee la ciencia mucho más objetivas y satisfactorias que las que proveen otras disciplinas.

Actualmente trabajas en Facultad de Física de la Universidad de Sydney, en Australia, ¿qué diferencias has observado entre el sistema científico español y el australiano? ¿Cuáles son los puntos fuertes y las carencias de cada uno de ellos?

Lo cierto es que son sistemas muy diferentes.

Desde el punto de vista de la carrera de investigador, el sistema australiano es quizá más abierto, en el sentido de que cada posición y cada beca está abierta a cualquier investigador en cualquier parte del mundo. Mientras que quizá el sistema español, especialmente en las Universidades y con algunas excepciones, por supuesto, se nutre más de la propia cantera.

Por otro lado, en Australia hay una progresión muy clara después del doctorado: la mayoría de los investigadores pasan entre 3 y 6 años de postdoc, luego consiguen su propia beca que les permite llevar a cabo investigación independiente durante otros 3 o 4 años, y después intentan conseguir una posición permanente en la que se requiere docencia. Las ventajas de este sistema es que permite centrarse en la investigación en lugar de en la docencia durante unos cuantos años después del doctorado. La desventaja es que, si no se tiene éxito en conseguir una beca propia, es muy difícil continuar en el sistema.

En cuestión de inversión en investigación, ninguno de los países está para tirar cohetes. Australia invierte un 1.88% de su PIB mientras que España invierte el 1.2%

¿Cómo crees que hubiera sido tu carrera científica de haberte quedado en España?

Seguramente habría seguido dedicándome a la investigación en un centro tecnológico, haciendo cosas más aplicadas de las que hago ahora.  Lo cual también habría sido interesante.

Si volvieras a la casilla de salida, ¿qué harías diferente?

Nada. Estoy muy contenta de las decisiones profesionales que he ido tomando.

¿Y alguna vez has pensado en abandonar la carrera científica?

¡Sí, casi todos los días! Pero nunca, demasiado en serio 😉

La carrera científica es dura e inestable, pero para mí es muy satisfactoria.

¿Qué crees que tu papel como OSA Ambassador ha aportado a la situación de las mujeres en ciencia?

No creo que una sola persona pueda cambiar mucho a este respecto, la verdad. Yo he puesto mi granito de arena, intentando sacar a colación en los foros adecuados los problemas que dificultan la carrera de las mujeres en la ciencia e intentando convencer a chicas jóvenes de que tienen su lugar en la ciencia.

¿Alguna vez has experimentado situaciones de machismo o micromachismo?

Por supuesto. Por ejemplo, algo que es muy frecuente entre los investigadores últimamente es dejar entender que, cuando una mujer consigue algo, una beca, una charla invitada, etc. es porque se le está dando un trato de favor con respecto a los científicos hombres, porque se está intentando cerrar la brecha de género a marchas forzadas. Creo que es importante el responder a este tipo de comentarios con elocuencia: nadie regala nada a las mujeres en la ciencia, al contrario, la gran mayoría de ellas lo han tenido y lo tienen más difícil que sus colegas masculinos.

¿Cómo crees que podemos fomentar el interés por las carreras STEM en chicas jóvenes?

En este tema hay muchas teorías. Mi opinión es que no hay que hacer nada diferente para fomentar el interés de las chicas por carreras de STEM que lo que se hace para fomentar el interés de los chicos. Lo que hay que hacer es darles las mismas oportunidades y fomentar su confianza desde que son pequeñas

Anuncio publicitario