Marzo 2021: Entrevista a Martina Delgado

Hola, me llamo Martina Delgado-Pinar, soy domadora de fotones. Prepárate a aguantar mi turra un rato.

Bueno, vale, seamos profesionales… que no se diga.

Me llamo Martina Delgado-Pinar, soy doctora en física, especialista en fotónica y en particular en aquella basada en fibras ópticas, y actualmente soy profesora lectora de la Universitat de Barcelona. Me he formado en la Universitat de València, donde hice el doctorado en el Laboratorio de Fibras Ópticas, y posteriormente fui investigadora postdoctoral en el Centre for Photonics and Photonics Materials (University of Bath, UK) y, de nuevo, en el Laboratorio de Fibras Ópticas. Durante los últimos cinco años, además, fui profesora asociada en el Departamento de Física Aplicada de la Universitat de València. Mi trabajo me ha llevado a China, Suecia, Dinamarca, Brasil, Argentina, ¡Florencia! y ojalá me permita conocer más lugares en el futuro.

Volviendo a lo de domar fotones, me dedico a diseñar y fabricar dispositivos basados en fibra óptica donde nuestros protagonistas se comporten como nosotros queramos, muchas veces con éxito, pero ¡ay malditos, qué esquivos son a veces! Con estos dispositivos he trabajado en interacción acusto-óptica en fibra, he fabricado fibras microestructuradas, he diseñado y fabricado  láseres (y marcado alguna mesa para la posteridad, un indeseado “Marti estuvo aquí”), microresonadores para modos de galería, he estudiado efectos no lineales para fabricar nuevas fuentes de luz y, en los últimos años, he añadido los biosensores fotónicos a los “done” de mi lista particular.

En los ratos libres, tan escasos, soy una especie de dama de Shalott que se dedica a bordar noches estrelladas y, cuando se pueda, espero retomar las clases de baile allá donde me encuentre la música. Los sábados por la mañana mejor no me hables: seguramente me encuentre muy ocupada mirando fijamente la pared.

Martina, cuéntanos qué es lo que más te atrajo de la investigación en fibras ópticas y en qué consiste exactamente tu área de trabajo.

Cuando empecé la carrera de física, en realidad la idea que tenía de la materia era, por un lado, resolver planos inclinados (que era lo que se hacía fundamentalmente en los cursos de bachillerato y, contra toda lógica, me parecía muy entretenido), y por otro, los “temas estrella” que ocupan lugar en los medios de divulgación y prensa: la astrofísica, la física teórica, la de partículas… Abrir la sección de ciencia de cualquier medio de comunicación es encontrarse básicamente con estos temas. Y yo fui una niña de las que vio la serie Cosmos de Sagan en la tele (en la 2, a mediodía, los domingos), así que mi idea de la física era esa. La fotónica, a pesar del impacto que tiene en nuestras vidas (¿cuántos dispositivos tenemos a nuestro alrededor que incorporan láseres, leds u otras fuentes de luz? ¿cuántos premios nobeles de física en los últimos años se han logrado a través del uso de las tecnologías fotónicas?), era una desconocida para mí, y creo que sigue siéndolo en gran medida para el público general. 

Sin embargo, al llegar a tercero de carrera, descubrí la asignatura de electromagnetismo, y me interesó sobremanera (también contra todo pronóstico, era una de esas en las que se acumulaban suspensos un año tras otro). Junto a ella también estaba la asignatura de óptica, y me di cuenta de lo mucho que tienen en común. Así que decidí que aquello era a lo que quería dedicarle tiempo. En el curso siguiente, escogí las asignaturas más relacionadas con ese tema (sin tener todavía ni idea de qué iba a hacer acabada la carrera), y tuve la oportunidad de conseguir una beca de colaboración para estudiantes en el Laboratorio de Fibras Ópticas (Universitat de València). Así empecé a trabajar en este área.

Mi trabajo, dentro de lo que es el desarrollo de dispositivos basados en fibras ópticas, es bastante transversal: hago uso de diversas técnicas y fenómenos para conseguir un dispositivo con propiedades específicas, que bien puedan dar solución a un problema, o bien te permitan medir algo que de otra manera no se puede. Lo de contestar “exactamente” en qué consiste mi trabajo es complicado. Mi tesis empezó tratando de fabricación de fibras microestructuradas (unas fibras especiales, que tienen una microestructura de agujeros en su interior para permitir el guiado de la luz), pero a la vez estuvimos trabajando en interacción acusto-óptica (lo de que “agitar” una fibra te permita controlar la luz que se propaga por ella me sigue pareciendo alucinante). Con esa técnica, acabamos diseñando y fabricando láseres de fibra óptica pulsados. Con el tiempo, he seguido trabajando en estos temas, pero también he incluido efectos no lineales, el uso de las fibras como microrresonadores para modos de galería (como los modos acústicos ligados a edificios como la catedral de San Pablo en Londres, pero con ondas de luz y en miniatura) para su aplicación en sensado, para aplicaciones no lineales, para excitación de ondas acústicas (antes agitaba la fibra y controlaba la luz… ahora ilumino la fibra o resonador y consigo que “se agite”). Últimamente, he empezado una línea de trabajo en biosensores, para los que usamos todo lo que hemos aprendido anteriormente.

En este momento, estoy en un punto de inflexión. Recientemente obtuve una plaza de profesora lectora en la Universidad de Barcelona. En los próximos meses y años seguro que tendré que incorporar otros temas de trabajo a esta colección, porque en el departamento al que me incorporo los temas de investigación ya asentados son otros. Es un reto, una oportunidad y un montón de incertidumbre. Lo importante es seguir encontrando temas de los que aprender.

Realizaste una estancia postdoctoral de cuatro años, en el Centro de Fotónica y Materiales Fotónicos de la Universidad de Bath (UK), posteriormente regresaste a España con un contrato Juan de la Cierva, y, después de unos años en el mismo grupo de investigación, ¿cómo ves las posibilidades de estabilización/financiación?

En Inglaterra tuve dos contratos, uno financiado por el EPSRC (Engineering and Physical Sciences Research Council – UK) (yo decía entonces que a mí me pagaba la reina, God Save the Queen, por aquello de camuflarme entre los nativos), y posteriormente uno financiado por la Generalitat Valenciana para que siguiera allí mi investigación. Tras eso, me reincorporé al Laboratorio de Fibras Ópticas a través de un contrato Juan de la Cierva, cuando eran de los que duraban tres años. Todo esto fue en plena crisis: me fui en mayo de 2008 a UK, y viví los recortes en vivo. Unos meses después de mi llegada estalló Goldman Sachs, y empezó todo el desastre. En mi grupo de allí, uno de los más potentes a nivel europeo, éramos unos quince postdocs en 2008 (un número especialmente alto incluso para el estándar de allí) y cuando acabé éramos tres si no recuerdo mal, de los que sólo quedaba yo como extranjera (tenía financiación propia de otro país). Empecé la Juan de la Cierva en 2012, y fue entonces cuando la crisis comenzó a cebarse a España en serio: me volví cuando el no-rescate de la banca española. A partir de entonces, tasa de reposición nula en la función pública, recortes generales… lo hemos vivido todos.
Todo esto tuvo consecuencias en la ciencia. No hace falta que lo diga yo, los números están ahí: la inversión en I+D se ha estancado en el 1.25% del PIB, y todavía está por debajo del valor pre-crisis. Es cierto que en valores absolutos la inversión ha crecido, pero ese porcentaje refleja la relación de esa inversión con la economía en su conjunto. En definitiva, es el “valor” que le damos a la investigación, el porcentaje de nuestro “sueldo” que dedicamos a ella. Recuerdo cuando a mediados de los años 2000 desde FJI-Precarios reclamábamos una inversión del 3%. Y todo esto tiene como principales afectados a los investigadores, y en especial a las investigadoras, porque está demostrado que en época de crisis las mujeres son las principales afectadas: también lo estamos viendo en el contexto actual. Muchas veces la inversión en I+D se ha vehiculado a través de construir nuevos centros de investigación (más ladrillo), “buques insignia” frente a los que hacerse muchas fotos, y en los que nadie con menos de 45 años tiene un contrato estable. 

Las medidas que se han puesto sobre la mesa para eso que llaman “recuperar el talento”, “atraer a investigadores de excelencia” y todas esas frases grandilocuentes son convocatorias que lucen nombres de grandes investigadores del pasado, cada vez más exiguas en relación al número de investigadores que se han ido formando con los años y, por ello, ultra competitivas. Porque cada vez somos más los investigadores e investigadoras con currículums más que válidos, pero las oportunidades no se dan: no hay un aumento claro de las posibilidades de incorporación al sistema, y todas las propuestas pasan por encadenar contratos temporales uno tras otro. Arrastramos un desfase por todos estos años de recortes y conozco, de primera mano, muchos investigadores e investigadoras que tienen currículums más que competitivos en términos generales y en todas las áreas de investigación pero que, por la escasez de contratos (ya otro día hablamos sobre políticas de contratación endogámicas y otras servidumbres que se dan en algunos centros, el otro puntal de la precariedad que vivimos), quedan fuera del sistema. Ante eso, algunas (subrayo lo de algunAs) han renunciado a seguir en puestos precarios porque no ven posibilidad de mejora a medio plazo, tengo muchos compañeros asentados en el extranjero que querrían volver pero saben que no compensa laboralmente y otros, al ver el panorama, directamente han elegido no seguir en ciencia tras terminar la tesis doctoral. Gente más que válida y competente cuya contribución al desarrollo científico del país ya hemos perdido. Y no sólo estamos perdiendo a los que salen: vivir bajo la precariedad de este sistema que impone una tremenda incertidumbre y competitividad a los investigadores (sobre todo, aunque no únicamente, a los que están empezando sus carreras), tiene otra consecuencia directa en su salud mental: hay estudios que cifran en un 40% los investigadores pre- y postdoctorales que sufren depresión y ansiedad. A los que se quedan también les estamos perdiendo, de otra manera.

A pesar de todo esto, tampoco quiero dar la sensación de que esta carrera profesional no vale la pena (aunque creo que no lo estoy haciendo demasiado bien…) Es un trabajo que, si te gusta la ciencia, investigar, enfrentarte a problemas nuevos… si te gusta aprender, en general, lo disfrutas mucho, sobre todo la fase predoctoral. Además, te da oportunidades para conocer otros lugares y otra gente como pocas profesiones. Solo el camino ya vale la pena disfrutarlo. Para ello es importante tener un buen entorno de trabajo, que hay que buscarlo y elegirlo (si se puede) bien. Por otro lado, la estabilización es difícil, pero es posible. 

Pero no podemos financiar la investigación a base de la vocación de los investigadores, que renuncian a determinadas cosas para seguir en esta profesión. Lo que es necesario, creo yo, es seguir reclamando ese aumento en I+D y que este conlleve un impacto relevante en la incorporación y estabilización de investigadores. Porque si queremos que las convocatorias del futuro se llamen como los científicos del S.XXI, y no seguir usando las viejas glorias de los SS. XIX-XX, debemos darles la oportunidad de trabajar.

¿Cómo ves la situación de la investigación en Óptica en España? ¿Cuál ha sido el impacto de los recortes en Ciencia en estos últimos años? ¿Has notado diferencias entre UK y España por este motivo? ¿Qué crees que tiene un impacto mayor en la situación de la Ciencia española, la mala financiación o la falta de carrera investigadora?

Lo que ha pasado en Óptica y Fotónica en cuanto a los recortes no difiere mucho de la situación general que he comentado antes, claro. Sí que veo una diferencia, y es que este campo tiene una mejor inserción en la industria. Desde luego, no en España, y esperemos que eso cambie, pero sí que es cierto que es un área de trabajo con un impacto en la industria que permite que haya investigadores que puedan pasar a la iniciativa privada. Lo cierto es que esto a veces se ve como una salida de segundo nivel, y no entiendo por qué. Cuando estaba en UK no era tan raro ver a los investigadores pasar de la industria a la academia y viceversa. En mi departamento, tuve un compañero que pasó de hacer el doctorado en Bath, a trabajar en Crystal Fiber A/S (hoy NKT) en Dinamarca, volver a Bath y ahora está en OFS (USA). Eso es impensable en España, desde luego: la rigidez de la carrera académica no permite esto. Si trabajas en tecnología de fibra, haber pasado por Crystal Fiber o por OFS, ¿cómo puede considerarse segundo nivel? Hay un prejuicio en ese sentido, que he detectado incluso en gente joven, y que no acabo de entender. Entiendo que hay áreas en las que esta dinámica no es posible, pero, ¿por qué no aprovecharlo en las que sí lo es? Y eso no significa fiarlo todo a la inversión privada, pero sí aprovechar las oportunidades que puede brindar a la hora de aprovechar el talento de la gente.

En lo que es la academia, tenemos una carrera investigadora definida como una serie obstáculos en las que si, por lo que sea, no puedes permitirte un rendimiento óptimo en una de esas pruebas, tienes muchas dificultades para reengancharte. Y en ese “por lo que sea” se incluyen los permisos de maternidad que afectan principalmente a las investigadoras, pero también bajas por enfermedad, un proyecto fallido (¿cuándo empezaremos a valorar los resultados negativos?) o cualquier otro tipo de imprevisto que no podemos controlar. ¡Incluso una situación afortunada que quisieras aprovechar y dejar aparcado tu trabajo por unos meses acaba siendo un perjuicio! Y si después de esos eventos tu curriculum siguiera siendo bueno (con el esfuerzo extra que eso supone), la falta general de oportunidades hace que seamos tantos y tantas entre los que elegir para que ese pequeño desajuste, ¿tal vez una décima en la puntuación de la Ramón y Cajal? te deje fuera. Y ese efecto se va amplificando a medida que avanza la carrera investigadora. Lo peor es que en las nuevas propuestas por parte del gobierno parece que esa visión de diseño de carrera investigadora no cambia, e incluso se amplía la etapa en la que vas de contrato en contrato. Los investigadores e investigadoras, además, no somos un colectivo especialmente combativo salvo excepciones (pero sí competitivo, porque tenemos que ser “excelentes” a todas horas, y estoy utilizando el concepto de excelencia de manera irónica), y va a ser difícil que esa tendencia cambie si no encuentran enfrente a un colectivo unido y movilizado. En este sentido, es especialmente importante la implicación de los investigadores ya estabilizados, que son quienes tienen mayor capacidad para influir en la toma de decisiones, y también es importante su colaboración para que los investigadores más jóvenes puedan tener visibilidad y puedan avanzar en su carrera profesional.

Tu área de investigación tiene un bajo porcentaje de mujeres dirigiendo grupos de investigación, ¿a qué crees que se debe esta situación? ¿Has sido testigo de algún tipo de discriminación o diferencia en el trato que se le da a hombres y mujeres que ocupan un cargo similar? ¿Tienes la sensación de haber tenido que trabajar más que tus compañeros para lograr un reconocimiento similar?

Testigo directa en situaciones “clave” no (tampoco tengo acceso a esas situaciones en las que se toman decisiones de verdad). Y tampoco he estado trabajado directamente con el típico “cátedro-señoro” como puede haberle pasado a otras compañeras. Pero evidencias: claro, como todas nosotras las tenemos. No se “nos ve” como directoras, supervisoras, jefas o profesoras, la imagen de la persona que tiene esas responsabilidades es otra. Por contar alguna anécdota graciosa (pero creo que ilustrativa): cuando fui a reservar la sala para la defensa de tesis de mi doctorando, la persona al cargo me dijo que la reserva tenía que hacerla mi director de tesis. Lo hizo sin maldad alguna, me reí, claro, y lo achaqué a que soy una jovencita (no). A ningún compañero de mi edad le ha pasado esto: yo lo llamo “efecto barba”. También hubo una ocasión, dando clase, en la que un trabajador de mantenimiento entró en clase preguntando a un estudiante por el profesor, y cuando él le dijo que era yo, le dijo algo como “no, pero estoy buscando a quien esté al mando”. O que un estudiante (vale, era mayor que yo, pero era estudiante), cuando puse una cuestión más difícil de lo habitual, interrumpió la clase para decirme en voz alta “ma’ que eres roïna” (“mira que eres mala”, vendría a ser en castellano).

Si estas cosas pasan a este nivel, claro que pasarán en otros de mayor poder de decisión. ¿Quién preside un comité? ¿Quién da una charla? ¿A quién pones de cara visible en un evento? En Sedoptica-MOF tenemos una actividad en la que identificamos y señalamos all-men-panel y es evidente que hay sesgos. Por eso tenemos que seguir reclamando ocupar ese espacio que hasta ahora ha ocupado el hombre de mediana edad, y seguir aportando referentes de mujeres que tienen méritos tan válidos como los de ellos. ¡Mirad los videos de Científicas Conectadas que tenemos en nuestro canal, y conoceréis a muchas de ellas!

¿Crees que es necesario implementar políticas que intenten revertir esta situación en Ciencia?

Respuesta corta: sí.

Respuesta larga: ¿cómo se cambia un sistema si no es actuando sobre él? El hecho de que hay un sesgo por razón de sexo en ciencia (como en toda la sociedad) está probado con números, con gráficas de tijeras que cada vez son menos tijeras y más pinzas, con estadísticas de todo tipo. Tenemos una situación de desigualdad: ¿queremos cambiarla? Si queremos cambiarla, que supongo que sí, hay que hacer algo.

La siguiente discusión es sobre cómo cambiar esa situación. Y aquí es donde empieza el debate útil. Lo primero que se dice es: “lo que hace falta es educar a las generaciones futuras”. Eso es evidente. Hagamos eso de educar a las generaciones futuras, claro, de hecho ya hay muchísimas actividades en ese sentido que pretenden proveer de referentes a niñas y jóvenes, el 11 de Febrero, la iniciativa de Girls4Stem, No more Matildas, ¿conocéis el libro de “10001 amigas ingenieras”?

Pero, ¿qué hacemos con las que estamos trabajando aquí y ahora? Las generaciones presentes también queremos desarrollarnos en un entorno que no nos sea hostil. Lo que está demostrado es que las “políticas de cuotas” funcionan, o al menos medio-funcionan (siempre hay quien te dice, sin esconderse, porque saben que no les va a pasar nada, que ellos se las saltan en cuanto pueden). Son medidas criticadas, son “antipáticas” (también para las mujeres, porque hay quien te puede hacer sentir que estás ahí porque eres una cuota, no por tu valía), ojalá no hicieran falta, pero tienen efecto. De hecho, a mí no me gusta llamar a esto “discriminación positiva”. Discriminación positiva es cuando en un colectivo en el que hay hombres y mujeres, uno de los dos grupos tiene representatividad y está en los puestos decisorios por encima de lo que dictaría la composición porcentual. Lo que se les aplica a las mujeres son políticas compensatorias contra esa discriminación positiva de la que se benefician los hombres.

Participas activamente en SEDOPTICA-MOF ¿Qué te hizo empezar a participar en este tipo de actividades? ¿Participas en alguna iniciativa de divulgación más? ¿Por qué consideras importante fomentar las vocaciones científicas en niñas y jóvenes?

Ahora es cuando yo os cuento que, siendo estudiante, y siendo investigadora predoctoral, yo no creía en nada de esto. Me creía a ciegas lo de la cultura del esfuerzo y que los méritos son debidamente recompensados. Fui una convencida tardía de que esta situación era real, y fue a base de conversaciones con gente más lista que yo y experiencias propias. Recuerdo que, estando de postdoc en UK, en una reunión de trabajo tuvimos que decidir quién iba de primer autor en una contribución a un congreso, mi compañero o yo. Yo había participado en todas las fases del experimento, él sólo en la última. La discusión se zanjó por mi compañero con un “ladies first”; casi sonó el himno tras esa frase, so british todo. Nadie dijo: “la implicación de ella ha sido más relevante”, y quedó como un favor que me hacían. Estoy segura de que no fue consciente de lo que había pasado allí. Adivinad quién dio la charla en el congreso, por cierto. 

Cosas como esa son las que van calando, y entonces en el OPTOEL de 2019 Francesca Gallazzi me dio un folleto de Sedoptica-MOF; luego María Viñas se acercó a mi jefe de grupo, Miguel V. Andrés, a hablarle del comité y que buscaban mujeres a quienes entrevistar y él me señaló inmediatamente como víctima propiciatoria. Así encontré un lugar en el que desarrollar las inquietudes que tenía en torno a este tema. Y aquí estamos: esta es aquella entrevista.

Aparte de Sedoptica-MOF, he participado, con menos implicación, en actividades de divulgación sobre todo dirigidas a niños y niñas. En particular, me interesa hablar de “las cositas con luz” que dicen los chiquillos, por lo que decía antes de la poca presencia que tienen estos temas en la divulgación general. He escrito varios artículos para Jot Down Kids, participo en el 11F dando charlas en colegios de primaria (si no lo habéis hecho, nunca encontraréis un público más entregado) y en institutos… y doy la turra en mis redes sociales contando cosas de señoras científicas a quien quiera leerme. Últimamente tengo poco tiempo para estas cosas y lo echo de menos.

Comentaba antes que yo fui una niña que veía la serie de Cosmos en la tele. Allí no aparecían señoras. En mi familia no hay investigadores, y la verdad es que no tengo ni idea de dónde saqué yo la ocurrencia de dedicarme a esto, aparte de que me entretuvieran los planos inclinados. Ese es mi caso, pero parece claro que tener referentes te ayuda a creer que tú también puedes ser investigadora, ya sea en ciencias puras, aplicadas o sociales. O que puedes ser pintora, o escritora, o… lo que sea. Hacen falta referentes de mujeres en todos los ámbitos. Por eso creo que es importante colaborar en que las niñas de hoy sean conscientes de que pueden ser lo que quieran ser, que los niños de hoy sepan que sus compañeras son talentosas y que escuchar sus ideas vale la pena, y que todos y todas aprecien que aprender es una tarea apasionante. Y lo hago con la ilusión de que las condiciones que se encuentren los futuros científicos, ellos y ellas, sean menos precarias y puedan disfrutar de esta carrera sin encontrarse con tantas trabas. Ojalá.

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