Mayo 2021: Entrevista a Emma Martín Rodríguez

Emma Martín Rodríguez es Licenciada en Física. Se doctoró en Física de Materiales en 2010 por la Universidad Autónoma de Madrid en el estudio de materiales para la fabricación de láseres infrarrojos. Posteriormente trabajó durante 3 años con una beca de la Fundación Alfonso Martín Escudero y un Contrato Marie Curie en el departamento de Química y Bioquímica en Concordia University (Montreal, Canadá), donde aprendió técnicas de síntesis de nanopartículas dopadas con tierras raras. Desde 2018 es Profesor Ayudante Doctor en el Departamento de Física Aplicada de la Universidad Autónoma de Madrid y trabaja en la síntesis y caracterización de nanopartículas dopadas con iones de tierras raras, y en el estudio de las aplicaciones de éstas y otras nanopartículas (e.g. nanopartículas semiconductoras o nanopartículas metálicas) en el campo de la biología y la medicina. En particular trabaja en la obtención de imágenes luminiscentes in vivo y el uso de la fluorescencia para la medida no invasiva de parámetros como la temperatura. En este campo ha publicado más de 50 artículos científicos y ha recibido más de 3500 citas.

Emma, sabemos que en tus inicios te encaminaste hacia el área de la óptica aplicada a la estructura de la materia. ¿Qué fue lo que te suscitó interés del mundo de la imagen biomédica y sus aplicaciones en la práctica clínica? Cuéntanos en qué consiste tu área de investigación.

En realidad, hacer este cambio de enfoque en mi investigación apareció sin tener que buscarla, fue una oportunidad que surgió al final de mi etapa como estudiante de doctorado. Mi tesis trató sobre el estudio de materiales cristalinos impurificados con tierras raras para la fabricación de láseres, lo que implicaba la caracterización de las propiedades luminiscentes de materiales. Estos cristales los conseguíamos a través de colaboradores, investigadores en química, y en esa época, uno de los que mantenían una colaboración más activa con el grupo, había empezado a preparar también nanopartículas luminiscentes. Gracias a él entramos en contacto con un profesor que había desarrollado unas nanopartículas que podían usarse para imagen fluorescente de células cancerosas y buscaba a alguien que pudiera hacer esas imágenes. El grupo tenía el equipamiento disponible, mis directores de tesis se pusieron en contacto con un grupo de biología celular que se encargó de los cultivos y ahí empezó todo. 

Yo recuerdo con mucho cariño los primeros experimentos que hicimos, y la emoción que sentíamos todos cuando comprobamos que podíamos hacer imagen de muestras tan distintas a las que estábamos acostumbrados. Era increíble la cantidad de cosas nuevas que aprendíamos con cada prueba, y lo enriquecedor que resultaba trabajar con gente de distintas disciplinas. Cuando llegó el momento de buscar grupo y tema para mi experiencia postdoctoral decidí que quería continuar en este campo.

Para mí, una de las cosas más bonitas de este campo de la imagen biomédica es que es fácil ver el potencial que tiene la investigación para mejorar la vida de las personas. En el caso particular de la investigación en la que participo tratamos de utilizar técnicas luminiscentes para detección y tratamiento de enfermedades porque tienen grandes ventajas sobre otras técnicas de imagen: requieren un equipamiento mucho más barato que otras técnicas médicas y que es más fácil que manejar, las imágenes obtenidas no requieren un gran procesamiento y son sencillas de interpretar y en general son pruebas poco invasivas. Su gran desventaja es el bajo poder de penetración de la luz visible en los tejidos, pero este problema se ha podido superar gracias al avance de las fuentes de luz y detectores infrarrojos.

Sabemos de la importancia que tienen las mentoras en nuestra etapa formativa. ¿Tuviste alguna que haya influido de alguna manera a lo largo de ese trayecto? ¿Qué te llevó a querer iniciar una carrera investigadora/científica?

Yo he tenido la inmensa suerte de poder vivir en casa el interés por la ciencia desde muy pequeña. Fuera de mi entorno familiar me inspiró enormemente mi profesora de química en Bachillerato y COU. Ella es doctora en química, de hecho, defendió la tesis siendo profesora mía, y la suya fue a la primera defensa a la asistí. Además de descubrirme el doctorado como una formación que también puede tener una persona “normal”, siempre transmitió en sus clases la pasión por la ciencia, haciéndonos pensar y dándonos ejemplos de aplicaciones reales de los temas que aprendíamos.

Decidí empezar el doctorado porque al terminar la licenciatura sentía que me quedaba mucho por aprender. La otra carrera que me atraía era la docencia así que en la universidad puedo combinar ambas vocaciones y me encanta.

¿Cómo ves la situación de la investigación en Óptica en España? Con la pandemia del coronavirus, ¿crees que la situación va a evolucionar de manera diferente y que a partir de ahora la inversión en ciencia va a ganar importancia?

Dentro de lo duro que está siendo esta situación, me ha parecido positivo que, por primera vez en la historia, el día a día de la investigación ha sido la noticia que ha abierto telediarios y periódicos y creo que, aunque el seguimiento informativo no siempre haya sido el más adecuado, se ha podido ver que con inversión en ciencia se obtienen resultados. De hecho, la inversión en ciencia ya ha subido. 

En cuanto a cómo se va a desarrollar la situación, creo que dependerá mucho de si las personas que tienen el poder de distribuir esos fondos tienen una visión amplia de la situación o no. Mi miedo es que no se invierta en reforzar el sistema investigador en general, sino solo la investigación relacionada con COVID o futuras pandemias. Si ahora empezamos a ver la luz al final del túnel es por la investigación fundamental que se ha ido desarrollando en distintos campos.

Sabemos que entre otras cosas compaginas tu actividad investigadora con la docencia en el ámbito universitario. ¿Crees que la diferencia que hay entre chicos y chicas en su interés por las carreras científicas se hace palpable desde edades tempranas? ¿Cómo crees que podemos fomentar dicho interés en chicas jóvenes?

Creo sinceramente que no hay una falta de interés de las chicas por las carreras científicas. Basta con darse un paseo por facultades de química o biología, donde la mayoría del alumnado son chicas. Lo que sí que hay es una representación desigual en las distintas disciplinas. Es cierto que en ingenierías, física o matemáticas la proporción de chicas es mucho menor, pero no creo que sea por falta de interés. Este año he tenido la oportunidad de dar clase en el grado de química y varias de mis alumnas me comentaban que la física les gustaba pero que se habían decidido por química porque era más fácil. Y en varias ocasiones alumnas del grado en física me han comentado que les costaba aprobar porque ellas no eran tan listas como sus compañeros. Nunca jamás un chico me ha hecho un comentario de ese tipo. Así que, en mi opinión, el problema no es despertar el interés, es validar ese interés que ya tienen y conseguir que se sientan capaces de conseguir lo que quieren. Por eso creo que es importante cuando se hacen actividades de divulgación de ciencia asegurarse de que hay representación masculina y femenina. También hay chicos que deciden estudiar carreras como enfermería o educación infantil y se encuentran con el mismo problema.

Durante la carrera científica, una de las fases más críticas en la etapa postdoctoral, en la que las diferencias entre hombre y mujeres se hacen más palpables y la famosa gráfica tijera es cada vez más pronunciada. Se habla siempre de problemas asociados a la maternidad, pero hay muchos otros asociados a sesgos de género y precariedad laboral. ¿Crees que se debería empezar a abordar el problema desde el marco del constructivismo social (prácticas culturales y/o sociales), o más concretamente desde las propias organizaciones? 

La verdad es que a raíz de ser madre ha sido cuando he entendido el énfasis que se le da al efecto de la maternidad como ralentizador de la carrera de las mujeres. Mi marido es también investigador, y completamente corresponsable, y en mi caso el efecto de ser padres ha sido mucho más marcado que en el suyo.

Creo que el problema no se va a solucionar si no se abordan todos los frentes. Y el problema es que muchas veces contribuimos al problema sin ninguna mala intención. A nuestra hija le encanta jugar con Lego, los trenes y durante el último año su color favorito es el azul claro. Y nos hemos encontrado con que bastante gente (hombres y mujeres) que asume que juega con Lego porque como sus padres somos científicos no le damos la oportunidad de jugar con muñecas. O les parece gracioso que le gusten los trenes y las máquinas de obra. Y hacen comentarios sobre ello de los que ella se entera, aunque afortunadamente de momento su reacción es asumir que la persona que opina que a ella no le pueden gustar las obras, es rara. Tengo amigas que tienen el mismo problema porque su hijo quería tener un carrito para pasear como hacen los papás. Así que creo que es importante que nos hagamos autocrítica de cómo contribuimos al problema. Y las instituciones pueden apoyar este proceso.

Desde el punto de vista de las organizaciones y agencias de investigación también queda mucho por hacer. Existen estudios que demuestran como los artículos o proyectos cuyo investigador principal es una mujer son rechazados con mayor probabilidad que si el investigador principal es un hombre. O que las profesoras jóvenes tenemos que dedicar más tiempo a tareas de tutela o tutoría porque en general los estudiantes nos lo solicitan más que a nuestros compañeros, y que si nos negamos a hacerlo la percepción de los estudiantes es más negativa que cuando el que se niega es un hombre. Esto nos resta tiempo de investigación, pero no existen mecanismos que permitan reflejarlo.

Echando la vista atrás y en relación a tu carrera formativa, ¿cambiarías o harías algo de manera diferente si pudieras volver al pasado?. ¿Qué consejo le darías a una joven que busca iniciarse en la rama de la investigación?

La verdad es que la respuesta a esta pregunta habría sido distinta si me la hubieran hecho hace unos años. Entonces probablemente habría contestado que sí y habría tenido una lista que dar. Sin embargo, con el paso de los años he visto que, también de las decisiones que a corto plazo me han parecido malas, a largo plazo he sacado enseñanzas muy valiosas, y me han hecho aprender más que las que a priori parecían buenas. 

A una joven que quiera dedicarse profesionalmente al mundo de la investigación le diría algo relacionado con esto. Es algo que me han transmitido mis directores de tesis, en principio para enfrentarme al trabajo del laboratorio, pero que creo que también sirve como actitud ante la vida: no dejes que un resultado que no es el esperado te bloquee, los avances más interesantes suelen venir de cosas que no salen según lo planeado. Pero para ello es importante ser capaz de analizar las cosas con mentalidad constructiva y no rendirse. Y si se siente sola o perdida, que no tenga miedo de mirar alrededor y buscar apoyo porque hay mucha gente dispuesta a ayudar.

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