Octubre 2020. Especial Industria. Entrevista a Azahara Almagro (FYLA) y Nerea Otero (AIMEN)

Azahara Almagro se graduó en Física en la Universidad de Córdoba en 2015 y cursó el máster en Física y Tecnología de los láseres de la Universidad de Salamanca durante 2015-2016. Durante 2016-2018 trabajó en un proyecto para la optimización de la homogeneidad de la luminancia en las “Luces de Conducción Diurna” en el Grupo Complutense de Óptica Aplicada de la Universidad Complutense de Madrid. A finales de 2018 comenzó el doctorado industrial que actualmente está llevando a cabo con la empresa FYLA LASER en el desarrollo de láseres de fibra de pulsos ultracortos de supercontinuo coherente.

Nerea Otero Ramudo es licenciada en Ingeniería Industrial por la Universidade da Coruña, donde también realizó un Máster en Ciencia de Materiales. Desde 2008 trabaja en el Centro Tecnológico AIMEN, como investigadora en microprocesamiento láser.

Azahara Almagro (izqda) y Nerea Otero (dcha)

Cuéntanos brevemente tu formación científica y a qué te dedicas en tu empresa
A.A.: Mi formación científica comenzó con el grado de física en la Universidad de Córdoba (mi ciudad natal y donde he crecido), después del cual cursé el máster en Física y Tecnología de los Láseres en la Universidad de Salamanca. Poco después de acabar el máster comencé a trabajar en el campo de la investigación en óptica, pero un poco más alejada de los láseres de lo que a mí me interesaba. Fue en una Plaza de Apoyo a la Investigación (PAI) para el grupo de Óptica de la Universidad Complutense de Madrid, dentro del marco de la Cátedra Valeo. Después de esa experiencia con la investigación en la universidad decidí que quería buscar algo más enfocado al trabajo industrial y conseguí formar parte del equipo de investigación de la empresa valenciana FYLA LASER, que se centra en la investigación y el desarrollo de láseres de fibra. Aquí estoy llevando a cabo un doctorado de tipo industrial para desarrollar láseres de fibra de pulsos ultracortos de supercontinuo coherente, además de participar en otros proyectos de investigación de FYLA.

N.O.: Soy Ingeniera Industrial de formación, e investigadora de profesión en AIMEN, un centro de innovación y tecnología especializado en materiales y procesos de fabricación avanzada. Una de las principales líneas de actividad e investigación del centro donde trabajo, es la investigación en procesado de materiales con tecnologías láser. En mi caso, en particular, lidero un equipo de trabajo y nuestras líneas de investigación se centran en el microprocesado láser de materiales, fundamentalmente funcionalización de superficies complejas, micromecanizado, y fabricación aditiva mediante polimerización multifotón.


¿Cómo llegaste a la industria? ¿Directamente al terminar tus estudios? ¿Eras investigadora antes?
A.A.: Después del periodo de investigación en la universidad, descubrí que no me satisfacía la
búsqueda que se hacía, sin un objetivo claro y real. Veo mucho más claro hacer investigación
industrial, sobre equipos que deben fabricarse atendiendo a unas necesidades específicas, y por eso busqué puestos vacantes en el mundo de la empresa centrándome en el campo de los láseres, que es para lo que me había formado con el máster. Afortunadamente, no pasó mucho tiempo entre el momento en que decidí buscar un puesto con ese perfil y el momento en el que pasé la prueba de selección de mi actual empresa.

N.O.: Durante mis estudios, trabajé en un instituto de investigación en materiales cerámicos en Alemania y al volver, ya inicié mi andadura profesional en el Centro Tecnológico AIMEN.


Si has tenido un pasado científico, ¿qué diferencias encuentras entre academia e industria? ¿Bajo qué condiciones os plantearíais, o no, volver a la academia?
A.A.: Bueno, mucho pasado científico no tengo ya que estoy “recién salida del cascarón”
prácticamente. En la Universidad Complutense estuve poco más de año y medio, y, como decía, me fui de allí porque no me gustó cómo estaba orientada la investigación “poco práctica”. Por supuesto no tiene por qué ser algo genérico, ni mucho menos, y mi visión está limitada a aquella experiencia; por lo tanto, aunque no es mi principal interés ni objetivo, realmente no descarto en un futuro saltar de la industria a la universidad de nuevo si fuera necesario.

¿Cómo son los procesos de selección de vuestras empresas? ¿Y los procesos de ascenso? ¿Sabéis algo de sus políticas de igualdad?

A.A.: El proceso de selección en mi caso tuvo varias etapas porque estaban buscando a alguien para hacer el doctorado industrial, y no solo la empresa elegía a la persona sino que también el Grupo de Procesado por Láser (GPL) del CSIC tenía que decidir si daba o no el perfil (ya que era en colaboración con el GPL). Primero me hicieron dos entrevistas por teléfono al igual que a otras personas candidatas. Cuando pasé esa prueba me pidieron venir a Valencia a enseñarme la empresa y hacerme una entrevista personal. En esa visita vi que solo había hombres en la empresa y pregunté que si los que veía eran los que estaban. FYLA no es una empresa grande todavía y solo había ocho personas (creo recordar) en ese momento, todo hombres. Al hacer esa pregunta fue cuando supe que estaban buscando expresamente investigadoras, precisamente porque no querían que la empresa no tuviera mujeres; y también me comentaron que estaba siendo difícil porque, por ejemplo, a ese puesto yo era la única mujer que había enviado su CV. Cuando pasé esa última entrevista me dijeron que había sido seleccionada, y para cuando llegué a la empresa ya había otra mujer trabajando en FYLA. En las siguientes vacantes que ha habido sé que han tratado de encontrar mujeres, y en ese sentido parece que de verdad se está intentando que no solo entren hombres a la empresa. Nos dejaron muy claro a las dos que no teníamos que tolerar ningún tipo de situación machista si la detectábamos, que lo comunicásemos sin miedo porque no iban a permitirlo. Creo que FYLA tiene una actitud correcta en este sentido, una mente abierta y un foco puesto en la igualdad. Por supuesto no todo es perfecto y a veces hay que discutir con algún compañero ideas que tienen sobre las mujeres que están un poco atrasadas, pero ¿dónde no pasa esto? En el trato, eso sí, no tenemos queja ninguna: nos ven como a iguales y nos tratan de la misma manera.

N.O.: En AIMEN los procesos de selección son transparentes, se publica la oferta de empleo y se entrevista a todos los candidatos y candidatas que cumplan con los requisitos solicitados. En este sentido, y desde mi experiencia, puedo decir que en AIMEN la valía de la persona que opta al puesto del trabajo es considerada con independencia del género, primando el perfil curricular de la persona. Las personas que van a ser los responsables directos (líder de equipo y coordinador) del candidato, participan activamente en el proceso de selección. La política interna de AIMEN promueve la promoción interna, por lo que cuando surge un nuevo puesto o cargo, se analiza en interno qué personas dentro de la organización que tienen el perfil y experiencia requerido, pueden cubrir ese nuevo puesto o cargo; por lo que hay posibilidades de promoción dentro de la organización. AIMEN fomenta la promoción de las mujeres en puestos de responsabilidad, y potencia su participación activa en dirección de proyectos de investigación nacionales e internacionales. Actualmente, en mi organización, el 40% de la plantilla está compuesto por mujeres y la tendencia del ratio es creciente en los últimos 5 años.

Generalmente, la empresa se ha considerado un mundo muy masculinizado. ¿Habéis sentido que tenéis que hacer un esfuerzo extra para obtener los mismos reconocimientos de un hombre de vuestro entorno?
A.A.: La verdad es que en los dos años que llevo con FYLA no he sentido ese tipo de discriminación. Tampoco considero que tenga muchos logros que reconocer en tan poco tiempo, pero siempre que he aportado ideas u opiniones se han escuchado y valorado al igual que las de mis compañeros hombres. Otra cosa son los congresos y cursos en este campo, ya que siempre tiene que haber alguno que te haga de menos por ser mujer (ya sabemos todas a lo que nos exponemos, ¿no?). Ahí puede ser que sí haya notado alguna vez que no me hacían mucho caso en comparación con mis compañeros y sobre todo he notado más el tono paternalista. Pero, por suerte, no es el caso en mi entorno cercano.

N.O.: Dentro de AIMEN no, sin embargo, en reuniones y eventos relacionados con mi actividad profesional, si me he encontrado con personas que me han subestimado únicamente por ser mujer


Si lo comparas con un doctorado académico, ¿qué punto crees que es el más positivo de un doctorado industrial, y cuál el que menos te convence?
A.A.: El punto que veo más positivo es que no hay incertidumbre laboral. Es decir, estás haciendo el
doctorado pero a la vez es requisito del mismo el hecho de que tu empresa te tenga con un
contrato en condiciones. Cuando estuve en la PAI de la Complutense también me matriculé en
un doctorado (el cual, por razones obvias, no terminé), pero una vez que se acabó el primer año de la PAI ya no sabían cómo mantenerme allí. Buscaron contratos extraños, fuera de lugar a veces, contratos de becaria en fundaciones que estaban asociadas de alguna forma a su grupo de investigación, pero que se terminaban cada dos meses… Fue complicado y fue en parte lo que me hizo irme de allí. Yo no soy de Madrid, estaba viviendo allí pagando un alquiler desorbitado sin ni siquiera saber si al día siguiente me podrían pagar o no; y eso sumado a tener que hacer un doctorado, para mí fue demasiado. Por eso la mayor ventaja que le veo al
doctorado de tipo industrial es que no existen esas dudas, hay una estabilidad laboral que cubre el periodo del doctorado y eso es realmente una fuente de tranquilidad para mí. Lo más
problemático, a cambio, es que se complica la gestión de las horas que le dedicas a tu
investigación. Al final, estando en una empresa las necesidades y prioridades las marcan los
clientes y los proyectos, ya que son la fuente de ingresos que nos mantiene. Por tanto, si hay
que acabar primero alguna tarea que sea urgente, eso va por delante de tu doctorado casi
siempre. Por suerte, en mi caso no es habitual que esto ocurra ya que mi tutor en la empresa es también mi director de tesis y se preocupa de que ambas cosas se puedan desarrollar en paralelo lo más posible.

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