Octubre: entrevista a Mª Carmen Torquemada Vico. Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial (INTA)

M. Carmen Torquemada Vico (Madrid, 1966). Licenciada en Ciencias Físicas por la Universidad Complutense de Madrid. Realizó su tesis doctoral en el Departamento de Física de Superficies del Instituto de Ciencia de Materiales de Madrid (CSIC). El tema de la tesis fue “Estudio de la superficie de TiO2(110) y de los sistemas TiO2(110)/SO2 y TiO2(110)/CO mediante Desorción Estimulada por Electrones (ESD)”. Desde 1996 a 2015 estuvo trabajando en el Centro de Investigación y Desarrollo de la Armada (CIDA) perteneciente al Ministerio de Defensa donde su labor fundamental estuvo centrada en la investigación, desarrollo e innovación de sensores de infrarrojo de seleniuro de plomo policristalino para aplicaciones de uso dual, tanto civil como de defensa y seguridad. En 2015 se incorporó al Área de Óptica Espacial del Departamento de Cargas Útiles y Ciencias del Espacio del Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial (INTA), donde ha participado en el proyecto ITER (International Thermonuclear Experimental Reactor) en la caracterización óptica de materiales y recubrimientos dentro de la subvención específica “Irradiation and Environmental test on Optical Samples”. En el proyecto “Desarrollo del Instrumento RAMAN para la misión EXOMARS” de la ESA, ha participado poniendo a punto un sistema de conteo de partículas para control de contaminación en equipos de vuelo del RLS (Raman Laser Spectrometer). Actualmente, en el proyecto SPICA (SPace IR telescope for Cosmology and Astrophysics), está desarrollando el montaje de un sistema de medida de una red de difracción en el rango de terahercios para el instrumento SAFARI (SPICA Far-IR Instrument). 

Casada desde 1992, es madre tardía de dos hijos, concilia su vida profesional con la familiar y prioriza la oportunidad de disfrutar cada día de su familia.

Ahora mismo trabajas en el Departamento de Cargas Útiles y Ciencias del Espacio en el Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial (INTA), ¿En qué consiste tu investigación allí? 

En este momento mi trabajo principal se centra en el desarrollo de instrumentación para aplicaciones espaciales. 

En mi puesto anterior estuve trabajando en el desarrollo de sensores de radiación que eran capaces de operar a temperatura ambiente en un rango de longitud de onda de 3 a 5 micras, es decir el infrarrojo medio. Actualmente, mi trabajo también está centrado en la zona infrarroja del espectro electromagnético, esta vez en el rango del infrarrojo lejano, de 50 a 80 micras. 

Para la próxima misión de clase M de la Agencia Espacial Europea compiten tres misiones, una de las candidatas es SPICA (SPace IR telescope for Cosmology and Astrophysics), un telescopio espacial que trabaja en el infrarrojo y que se utilizará para realizar estudios del espacio profundo. Uno de los instrumentos que lo componen es SAFARI (SPICA Far-IR Instrument), que es, básicamente, un espectrómetro para leer la radiación procedente del espacio. El corazón de este instrumento es un conjunto de cuatro redes de difracción, cada una dispersando radiación en un rango de longitudes de onda distinto. Por el momento, estamos estudiando la viabilidad de fabricar y caracterizar una red de difracción para el rango de 50 a 80 micras (en frecuencias 3,4 y 5,6 terahercios). Esto no es fácil puesto que las pequeñas dimensiones de la geometría de la red implican la utilización de técnicas de nanolitografía en 3D, y de nanograbado, lo que lo convierte en un importante reto tecnológico. A la vez hay que disponer de los medios para poder caracterizar esta red en estas longitudes de onda. La aparición reciente de fuentes de radiación en THz basadas en láseres de cascada cuántica, lo hacen posible, pero la necesidad de comprobar que el sistema funciona en las condiciones en las que trabajará en el espacio, esto es, en condiciones criogénicas, le da un punto más de complejidad. 

¿Cuándo decidiste que querías estudiar una carrera de ciencias? ¿Encontraste oposición en tu entorno cercano? 

Durante la EGB y hasta COU, tuve la suerte de tener como profesor de física y matemáticas a un físico (Don Isidoro &#128512) que consiguió que las materias fueran atractivas y fáciles de estudiar y entender. Cuando una asignatura te gusta es más fácil que pienses en dedicarte a ello. Es fundamental la labor de los docentes a la hora de crear vocaciones. En mi clase hubo una alta inclinación hacia carreras de ciencias y cuatro chicas comenzamos la carrera de Ciencias Físicas. 

Mi entorno cercano me apoyó en mi decisión de estudiar. Provengo de una familia numerosa y en un entorno humilde; afortunadamente había una política de becas que me hicieron posible poder acceder a la universidad y que ello supusiera un orgullo para mis padres. En todo momento tuve su apoyo tanto durante la carrera, como cuando tuve la oportunidad de conseguir una beca FPI para hacer el doctorado. 

Anteriormente has trabajado en el ministerio de defensa y también en el CSIC, ¿cuáles son las principales diferencias que has observado entre estos dos mundos (académico/militar)? 

En el CSIC se trabaja esencialmente haciendo investigación básica que es fundamental para el desarrollo de la ciencia y de cualquier país. La producción científica se mide en base a los artículos que publiques y su impacto en la comunidad científica, la calidad de la revista o las citas que hagan otros investigadores a tu trabajo. 

En el Ministerio de Defensa la investigación básica queda en segundo plano y se tiende más a hacer desarrollos tecnológicos que puedan dar un servicio más a corto plazo. Los trabajos para Defensa suelen ser tecnología de uso dual, con aplicaciones tanto en defensa y seguridad como en el sector civil. A lo largo de los veinte años que trabajé en el CIDA, un centro de investigación de Defensa, hubo épocas en los que la política por parte de la dirección del centro era de no publicar los resultados, con lo que se realizaban informes de uso interno; en otras épocas sí se pudieron hacer publicaciones. Se puede decir que el trabajo es más de tecnólogo que de científico. 

Otra diferencia fundamental es la presupuestaria. El CSIC de mi época no tenía mucha financiación dedicada a instalaciones o reparaciones, aunque el programa de “Acciones Integradas” permitía hacer viajes y estancias en otros centros de investigación europeos y asistir a congresos. En el CIDA, sin embargo, se contaba con bastantes medios económicos para comprar equipamiento, lo que permitió tener un laboratorio muy bien equipado, aparte de poder contratar durante años a un gran número de personas. En contrapartida, no se tenía contacto con otros grupos de investigación extranjeros. 

El ámbito de la defensa es un mundo bastante masculinizado, en el INTA las mujeres representan un 31,7% del total de científicos e investigadores que trabajan para este organismo público, ¿Qué motivos crees que hay detrás de esta cifra?¿Se podrían mejorar las medidas de igualdad en lugares como este? 

En el INTA hay un elevado número de ingenieros y la edad media de la plantilla es bastante elevada. Teniendo en cuenta que en algunas carreras técnicas el porcentaje actual de mujeres no llega al 15 % y que hace años ese porcentaje era mucho menor, no es de extrañar que el porcentaje de mujeres científicas en el INTA sea bajo. 

Pienso que los planes de igualdad que se implementan en los centros, aunque necesarios, no son un elemento clave para la mejora en igualdad. Creo que la concienciación colectiva de la sociedad que se está llevando a cabo gracias a los medios de comunicación y los colectivos feministas, es más efectivo, sobre todo pensando a largo plazo. La sociedad avanza en conjunto y a un ritmo cada vez mayor. No tiene nada que ver la educación machista en la que yo me vi inmersa, que la educación en la que se mueven las nuevas generaciones, en las que diariamente se reciben estímulos encaminados a la igualdad. 

¿Alguna vez has sentido que has tenido que trabajar más que los hombres de tu entorno para obtener un reconocimiento similar? 

En mi trabajo diario no he tenido esa sensación, aunque es verdad que nunca he buscado en el trabajo más que disfrutar realizándolo. Lo cierto es que me sentí muy frustrada cuando, tras mi doctorado, estando en proceso de búsqueda de empleo, fui rechazada de forma poco elegante por un ingeniero en la universidad: “estás en una edad muy mala, que a todas os da por lo mismo”, en referencia a una posible futura maternidad. 

En cuanto a mi experiencia trabajando en un centro de defensa con personal militar al mando, no siempre es fácil obtener reconocimiento, menos siendo civil y mujer. He conocido mujeres con reputación científica reconocida que fueron invitadas a no asistir a pruebas de tiro para probar los sensores desarrollados por nuestro grupo, simplemente porque “da mala suerte que vaya una mujer… “ 

¿Consideras necesario fomentar las vocaciones científicas en las niñas y jóvenes?¿Se te ocurre alguna iniciativa para esto? 

Creo que es fundamental fomentar estas vocaciones sin importar el sexo, desde pequeños. Desde luego, hay que desempolvar todas las contribuciones femeninas tanto en la ciencia como en otros ámbitos, que han estado silenciadas durante años, para que las jóvenes puedan admirar también a mujeres que sean su referente. El que jóvenes investigadoras dediquen parte de sus esfuerzos en hacer divulgación científica en colegios e institutos es una labor que promoverá que surjan nuevas vocaciones en el futuro.

Anuncio publicitario